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Nuestra mente ama trabajar a través de símbolos, decía Jung.
Estupor y curiosidad: dos temas que me son muy caros. Un viaje no es sólo un desplazamiento físico, sino también un movimiento interior. Un enorme contenedor de símbolos y emociones. La acción y el movimiento nos transportan en el "aquí y ahora". El pensamiento se detiene, los sentidos nos conducen y nos acompañan. La casualidad, la maravilla, el miedo, se vuelven oportunidades, instrumentos de conocimiento del alma en su universalidad, y son una buena representación del recorrido de la vida misma.
"La luna lo afecta como a una mujer" escribió Hemingway de la mar.
"Ese dulce balanceo de la cabeza" escribió Pasolini sobre la gesticulación de la India.
"Amigo, la vida es una cuestión de suerte" dice sonriendo Paco, de Costa Rica.
Saber caminar por las calles, asombrarse delante de lo que es nuevo, desconocido y diferente significa sentirse presente en el mundo. Con maravilla. El horizonte se alarga así y cede el paso a la benevolencia. Una forma diferente de viajar, de sentir y de comunicar con lo desconocido. El tiempo se dilata, la prisa desaparece. Los sentidos nos conducen con cariño y todo se vuelve familiar.
Un largo viaje, cualquier viaje, empieza siempre con un solo y único paso. Maurizio Paoli |